Por Gabriel Fagúndez de los Reyes
La simpleza no es una de las características más apegadas a cualquier ser humano, y a pesar de tener una importancia muy grande en cada aspecto de la vida, se la deja de lado de manera inconsciente marcando una tendencia que confunde la complejidad de cada hecho con una mayor inteligencia. Este fue uno de los temas exhibidos en el XX Encuentro GeneXus 2010, donde Rodrigo Álvarez fue capaz de mostrar un montón de realidades en una media hora plagada de dinamismo.
Todos los seres humanos admiramos la complejidad, aunque muchas veces no seamos capaces de comprenderla. Es por este motivo, que infinitas veces corremos el riesgo de llegar al ridículo por no ser simples. En la gran mayoría de los casos, las soluciones mínimas son las más correctas y funcionales.
Aplicado exclusivamente a la industria del software, por ejemplo, el programa más efectivo y con un menor consumo de recursos, es aquel que posee menos lineas y partes, donde las tareas más complicadas se llevan a cabo de manera ingeniosa con metodologías simples y sin revueltas.
Además, esta tendencia se puede aplicar a otros planos de la vida, y para ello vale tener en cuenta estos siguientes 7 puntos que brindó Rodrigo en su charla, para asegurarse de la idea de que lo simple es más que necesario para crecer.
Primero que nada, hay que marcarse objetivos. Tener en claro lo que somos y lo que queremos llegar a ser es un buen comienzo. La idea de pensar y luego actuar, teniendo un plan organizado que nos lleve al éxito es un detalle de suma importancia, que simplifica los hechos de forma inimaginada.
En segunda instancia, otro factor a tener en cuenta es el ahorrar tiempo. En un mundo un tanto alocado, donde el tiempo corre de atrás y las personas cada vez realizan sus tareas en lapsos más cortos, ahorrar minutos es un factor de gran importancia. Las facilidades que brinda internet para realizar compras, comunicarse, e incluso trabajar, permite disponer de mayor tiempo para aquellas actividades valiosas. Simplificar el día a día es muy importante, adaptándonos a las tendencias de un siglo XXI veloz, donde hasta el más mínimo segundo es necesario.
La organización también es indispensable. Para un estudiante, por ejemplo, organizar y repartir cada día de estudio antes de un examen es un claro indicio que llevará al éxito. Ser organizados en la vida, también es sinónimo de ser simples, donde la misma simpleza se traduce en ser delicados con la distribución del tiempo, y el orden de los objetivos.
Por otro lado, un detalle no menor es el lenguaje. De manera popular muchos creen que por hablar de manera complicada, con palabras poco conocidas y llamativas es sinónimo de inteligencia. La realidad es claramente lo contrario, donde un dialecto simple facilita la comprensión y conduce al éxito de forma ininterrumpida.
Entender las cosas es otro factor. Cada detalle en esta vida parece complicado hasta que se entiende. Muchos, al leer estas palabras, deben acordarse cuando nuestras madres al llegar a la casa con malas notas, decían: “tenés que estudiar”. Y la verdad es que la realidad es tal cual lo dicen ellas. Estudiando se logran comprender las cosas, entenderlas de raíz, simplificando la tarea y convirtiéndolo todo en algo comprensible y fácil.
Finalmente, decir la verdad lo simplifica todo. Las mentiras hacen de la realidad algo muy difícil de sobrellevar. Decir la verdad es un claro camino al éxito. Si se logra aprender a no mentir desde pequeño, sin dudas de grande se será una gran persona, exitosa y poderosa.
Pero, todo esto que acabo de escribir, ¿convierte a la complejidad es algo malo? Para nada. La complejidad es necesaria para avanzar y progresar. La idea es buscarle soluciones simples a problemas complejos, pero esto no significa que todo tenga una solución fácil siempre. Muchas veces las respuestas a problemas sencillos son entramadas soluciones muy complejas, que no son sorteables y se debe estar lo suficientemente seguro para superar este tipo de dificultades.
Vía | Rodrigo Álvarez – Encuentro Genexus XX






