escrito por: David Gómez | Editor
A esta altura ya está claro que el software uruguayo tiene buena reputación en el mundo, que Uruguay es uno de los que más exporta y que esta es una de las industrias que más crece en el país en beneficios y generación de empleo. Tanto es así que para este año se estima que se exportarán US$ 500:.
Sin embargo, esa meta puede llegar a costar un poco más que lo normal. Y es que, aunque no todos los actores lo ven así, el software uruguayo muestra algunos signos de pérdida de competitividad.
Terminamos bien
El 2009 no fue un mal año en general para los proveedores de IT de la región. Si bien algunas empresas uruguayas perdieron negocios, aguantaron bien la crisis financiera e incluso crecieron en facturación y adopción de nuevos clientes.
Al respecto, Marcel Mordezki, uno de los investigadores referente, señaló que de acuerdo a conversaciones preliminares con actores clave, el sector habría terminado el año 2009 con crecimiento del producto sectorial en el mercado interno, y “estable en términos generales” en sus exportaciones, luego de un crecimiento acelerado que se había dado en el 2008.
“A la luz de la crisis que sufrieron los mercados internacionales, se trata de una muestra más de la capacidad competitiva del sector”, sostuvo Mordezki, quien espera que en 2010 la demanda, local e internacional, crezca un3 %.
Tal vaticinio va de la mano de las predicciones de la consultora especializada IDC, para la que el crecimiento en el sector IT volverá durante 2010. “El escenario post crisis económica parece más alentador para esta temporada, con niveles similares a los registrados en 2008”, sostiene el informe anual de IDC para le región.
Nuevo escenario
Como contrapartida de ese optimismo, las empresas de software no la tendrán tan fácil. IDC señaló que la búsqueda de oportunidades se verá desafiada por un comprador más inteligente y escéptico.
Sucede que tras el aprendizaje que dejó 2009, los clientes no quieren gastar millones de dólares en software para correr en máquinas que cuestan unos pocos miles de dólares. Piensan dos veces en qué gastar y esperan que la inversión no solo sea rentable, sino que los resultados se vean en menor tiempo.
A esto debemos se suma que en los últimos años el negocio del software se ha vuelto muy competitivo. Hay un montón de jugadores en los mismos lugares compitiendo por funcionalidad y precios. La disponibilidad de paquetes, soluciones y servicios de bajo están empujando los precios hacia abajo, y las compañías están luchando con ello.
En el caso de Uruguay, que fue pionero en la región en el desarrollo de la industria, le han salido a competir muy fuerte los vecinos. Luego de muchos años liderando el negocio en la región, ahora quedó detrás de Brasil y Argentina en materia exportaciones, aunque conserva el primer lugar como el mayor exportador per cápita de América Latina (ver recuadro).
Estratégicamente, Uruguay se enfocó en brindar calidad por sobre cantidad, para lo que dirigió su oferta a ciertos nichos, como proveedor especializado, y también optó por brindar servicios de tipo software factory y outsourcing; en todos los casos se hace difícil competir si no se cuenta con un alto volumen de profesionales. Y que digamos es una materia pendiente en la que se está trabajando.
Paralelamente, hay un avance de software libre, aunque no para industrias específicas. También con las últimas tecnologías y el avance de la web surgieron nuevos modelos de entrega de software, como lo es el Software as a Service (SaaS), que combinan producto con servicios, y están cambiando las modalidades en cómo se factura.
Estamos caros
Con todo este panorama, y otros aspectos propios de la coyuntura de Uruguay, no resulta raro que se aprecien algunas señales de alarma.
“Se empieza a ver en algunas licitaciones que las empresas locales están ‘caras’ y cuando se ajustan precios para mantener mercados, al terminar los proyectos se verifica escasa o nula rentabilidad en algunos segmentos. Hubo una caída internacional de los precios –algunos informes internacionales lo sitúan entre 20 y 30 %– y un crecimiento de los costos internos que ataca la rentabilidad de las empresas productoras”, explicó Mordezki.
Cuidado con Argentina
Pero lo de caro también se da en el exterior, sobre todo cuando se compite con empresas de Argentina. En la vecina orilla la recesión del mercado interno y los incentivos fiscales están permitiendo que el SW argentino no solo se fortalezca en la plaza local, sino también al competir con las uruguayas en terceros mercados.
Al respecto, Juan Suárez, director de Arkano Software, detalló que “nos hemos encontrado con empresas argentinas muy competitivas en calidad y precio, tanto de Buenos Aires como de provincias que tienen incentivos para el desarrollo del sector como San Luis, Córdoba, Mendoza”.
A su vez, Juan Manuel Urraburu, director de ProRM,señaló que “en Argentina nos estamos enfrentando a valores hora muy inferiores al promedio. Cuando el precio es el que define, es difícil competir”.
De todas formas, para Urraburu “el sector sigue siendo competitivo comparado con otros players regionales como Chile y Brasil, y nuestros valores siguen siendo muy competitivos en comparación con Europa y Estados Unidos”.
Aunque nadie de la industria se anime a afirmarlo, también hay un tema de piel a favor de Uruguay: prefieren pagarnos un poco más que trabajar con argentinos.
Carga fiscal
¿Pero qué es lo que está haciendo que Uruguay sea más caro? Como en muchas otras industrias la respuesta está en los costos. Con respecto a Argentina, el país no solo está más caro en valor-hora; también en los gastos que debe enfrentar: electricidad, comunicaciones, Internet y cargas tributarias.
Para Juan Suárez, director de Arkano Software, entre otras cosas, la alta necesidad de profesionales con alto conocimiento técnico y la baja del dólar, “llevan a un nivel importante de rotación de personal que implica una natural mejora salarial”. Por otro lado, señala que la finalización del período de exoneraciones fiscales (el sector del SW no tributaba renta) para el mercado local implicará un alza en los precios del mercado local.
Feo para el mercado interno
Sobre este punto, Karina Santo, directora de K2Business, explicó que los que “los que tienen su mercado muy concentrado en Uruguay, van a tener un impacto importante, mientras que aquellos que estén más posicionados en el exterior lo van a poder amortiguar un poco mejor. Para la ejecutiva el nuevo régimen impositivo y el valor del dólar representan un desafío interesante para este año.
Por su parte, Ignacio Rico, de la consultora Tigma, sostuvo que el cambio de IRAE no es el único que afecta: “es la elevada presión fiscal permanente en una plaza en que difícilmente los ingresos puedan ser periódicos y/o constantes. Si bien, esta situación no es particular de la industria, si no hay una política de apoyo clara y a largo plazo, es difícil hacer un plan de desarrollo e inversión sustentable”.
Urraburu, en tanto, cuestionó que “no queda clara la necesidad de terminar un incentivo en el momento en que el sector se encuentra en franco crecimiento”.
El director de ProRM consideró que los incentivos fiscales dirigidos al sector pueden ser beneficiosos, en particular cuando se ven los que reciben los competidores de la región. “Menor carga fiscal, incentivo para contratar personal, flexibilidad laboral a la hora de acordar salarios y premios son algunos de los elementos que ayudan a la competitividad”, detalló.
Capital humano
Como ya mencionamos, la falta de recursos humanos sigue siendo un problema. La Cuti ya hace varios años que tomó el caballito de batalla y viene realizando diferentes tipos de acciones para promover la industria IT entre los sectores más jóvenes de la población. Pero dónde aún hay que trabajar es en el nivel de especialización y el vínculo con el lado empresarial.
Para Ignacio Rico uno de los aspectos de pérdida de competitividad “se debe a la poca experiencia en marketing y ventas de las empresas locales, que sumados a la disminución de la brecha de los costos de las licencias, la falta de documentación correcta y actualizada, hace que muchas veces sea difícil sostener la decisión de la selección de un software local”.
Vínculo Universidad-Empresa
El consultor especializado en la gestión tecnológica empresarial agregó que “muchas veces quienes dirigen los emprendimientos de la industria de software tienen, mayoritariamente, un visión desde una perspectiva técnica y poco vinculada al negocio”.
Consideró que el origen de esto puede tener su explicación en el diseño y contenido de las carreras profesionales afines al sector.
Por su parte, Karina Santo se mostró en sintonía. Si bien reconoce que “tenemos muy buenos profesionales, sin ninguna duda. En términos de apostar a la excelencia, pediría una integración mayor: Universidad – Empresa y una formación que fortalezca más la innovación como elemento fundamental en cualquier profesional de informática”.
Al respecto, Mordezcki destaca este aspecto y por ello propone que el sector se profesionalice. Habla de preparar una nueva generación, pero también propone una inmigración calificada (ver entrevista).
Infraestructura
La actual infraestructura del país es un hándicap para la competitividad del sector. Si bien, el país se encuentra en un proyecto de mejora, en el sector señalan que la conectividad de la banda ancha hacia el exterior hoy está muy lejos de ser aceptable para los negocios. También pese a que los precios han bajado, siguen siendo caros respecto a los de los países vecinos.
La directora de K2Business deja claro el alcance de contar con una mejora en este terreno: “un país bien conectado no solo favorece el desarrollo de la industria del software, sino el de la nación entera”.
Necesidad de más alianzas
Cuando en el 2007 se presentaba el plan de competitividad del sector, una de las recomendaciones que se hacía era la de generar alianzas como estrategia para el proceso de internacionalización. Las empresas del grupo Integro fueron pioneras en esto; la asociación ya tiene una década aproximadamente.
Karina Santo señaló que no hay grandes competencias entre los actores internos: “creo que aprendimos la importancia de un ‘modelo asociativo’, donde cada uno aporta lo mejor de sí. Aún estamos aprendiendo a jugar juntos para poder salir mejor hacia el exterior”. En su experiencia “cuando salimos al exterior integrando varias empresas Uruguayas somos muy competitivos y somos percibidos como propuestas de muy buen nivel”.
Sin embargo, algunos actores, sobre todo las empresas más nuevas y de menor tamaño, describen cierto recelo y desventaja en el sector. También planten la necesidad de intensificar y profundizar las alianzas. Al respecto, Juan Suárez de Arkano consideró que una buena estrategia que puede ayudar a impulsar la competitividad es “generar alianzas en las distintas etapas de la cadena de valor, comercialización, ejecución y capacitación de profesionales”.
Nuevos modelos de negocio
El gran desafío de la industria del software hoy no es solo mejorar en precio, sino que es buscar y explorar nuevos modelos de negocios. La gran tendencia por ahora es justamente el SaaS y el abanico de oportunidades que se abre con la llamada Cloud Computing (Computación en la nube).
Al respecto, Urraburu sostuvo que “para un país pequeño, alejado de los grandes centros, pero con recursos humanos especializados, tanto en lo técnico como en el negocio, la gran oportunidad es ofrecer productos y servicios al mundo desde la nube”.
Algunos ejemplos uruguayos de esto: FengOffice que ofrece una plataforma colaborativa en que se paga por mes por usuario y ZetaSoftware que cuenta con un sistema empresarial para pymes online.
Otro camino para las empresas de software es ir todavía a nicho más verticales. La nube, justamente, permite especializarse en un nicho e incluso sumarse a otros proveedores de una forma natural. Esto lo saben bien Moove-IT, que se ha especializado en el desarrollo de redes sociales, y la recientemente vendida Interactive Networks Inc. que apuntó al desarrollo de sistemas de mensajería para celulares. Y podríamos citar muchos otros más que se han especializado, como InStyle DM, Dvelop y Kizanaro, entre otros.
© David Gómez | 2010 | Este artículo fue publicado originalmente en el suplemento Café&Negocios de El Observador (Febrero de 2010)






