Por alex
Debo admitir que me envolvió un arrebato de infantilidad cuando la gente de la agencia de publicidad Amén me pasó el contacto del Maestro Saman (maestro@saman.com.uy), un agente virtual que corre bajo las nuevas herramientas de Windows Live Messenger tal como sucede con el bot del Ministerio de Turismo.
La conversación con el jovato canchero comenzó con un saludo formal, luego le pasé tres o cuatro ingredientes y me explicó amablemente qué podía cocinar con ellos.
Y cuando ya no me pude aguantar le pregunté por su esposa, si era tan feo como su cara e incluso si me prestaba a su hija para salir a pasear (sin dudas un comportamiento aniñado, y más sabiendo que el otro es un robot).
Pero ese berrinche me sirvió para corroborar que el sistema de respuestas automático que le llevó a Amén cientos de horas de trabajo está super afilado: los diálogos son sencillos e intuitivos. Si te pasas de la raya, el veterano responde que a lo mejor deberías volver luego cuando estés calmado, que no entiende tu grado de violencia o simplemente se disculpa aduciendo otras obligaciones.
Mi amigo, el robot
Una vez olvidado mi intento de dejar por el piso al veterano ocurrente me enteré que un gran número de los cerca de 35.000 contactos que tiene el cocinero (cuya apariencia en el avatar no deja de ser un gancho para las amas de casa) se conecta entre 3 y 5 minutos por semana para hablar con él. Más impresionante aún es que en buen romance y con los datos a octubre del año pasado, unos 9.000 internautas pasan más tiempo con un robot que en cualquier página web convencional.
Lo mejor de todo (además de tener entrada asegurada a la casa de 35.000 amas de casa) es que no deja de ser un embajador de la marca Saman, que a cada oportunidad tira al viento el nombre de su producto Arroz Blanco. Inclusive, hay usuarios que se pasan hasta 20 minutos (cuando para la receta solo basta medio minuto), chateando y contándole sus problemas o alegrías diarios.
Maestro robot
Cada vez que se mezclan las palabras “maestro” y “robot” recuerdo el cuento de Robert F. Young sobre una maestra robótica que no deja de ser una purista de la historia. Es una obra maravillosa que ya casi tiene cuatro décadas pero que se adelanta mucho al fenómeno de la publicidad de contenidos y la siempre inexplicable búsqueda de placer efímero de la clase media con ínfulas de alta.
Les dejo el link para descargarlo gratis.







